‟Quienes te reconocieron vieron tu naturaleza inolvidable. ¿Cómo eras (…)? Eras la versión del Quijote social en lucha sabia contra los molinos de la injusticia. Eras el renacentista pensante en todo lo humano. Eras el hombre nuevo de todos los tiempos. Eras el amor por tus semejantes. Eras la encarnación criolla de los ideales de Lincoln, Gandhi y Allende. Valentía y voluntad de hierro. Llegó el golpe“.

“Infundiste coraje. Enseñaste a perder el miedo. A soñar la libertad. A organizarse y a luchar por la Democracia. A liberar la patria encarcelada. A hacer brillar de nuevo la esperanza. No te diste tregua ni descanso desde que éramos adolescentes. Veo a tantos amigos y amigas hoy con tu fortaleza de carácter heredada. Un hombre de conocimiento y razón. Cuántas centenas de libros devoraste ávido. Los mismos que en tu humilde morada de la Calle Ramadas capturaron tus perseguidores. Perplejos y euforizados, encontraban tus textos de ajedrez: ‘La defensa india’, ‘Jaque al Rey’ y tantos otros que les llevaban a urdir en su ignorancia la falsedad de supuestos planes militares. Los quemaron para evitar ser devorados por ellos. Textos de grandes pensadores, filósofos, políticos y revolucionarios parecían decir ¡léeme! desde tus estanterías. Te fuiste haciendo sabio en la lucha, en las ideas, en el debate… y en tus queridos libros”.