He decidido escribir estas letras a modo de despedida de nuestro querido cura “Pepe Aldunate”, en ellas no esperen encontrar grandes reflexiones teóricas o eclesiásticas, sino que una suma de experiencias de vida, también se podrían como actos de Memoria. Estarán llenas de agradecimiento por las reflexiones y acciones de este gran hombre, de sencillo nombre.

El primer acto de Memoria que realizo es de los inicios de la dictadura criminal, en la que Pepe junto a otros sacerdotes y monjas comprometidos crean el Equipo de Misión Obrera EMO, del cual los únicos laicos eran mis padres Rolando y Catalina. Este equipo se caracterizó por dos cualidades, ser un espacio de reflexión, pero al mismo tiempo de acción. Siempre dela lado de los pobres y oprimidos, se cuestionaba como seguir a Cristo desde su acción cotidiana. Por eso una vez que mi madre Catalina es asesinada a manos de la DINA, acompañó a nuestra familia a reconocer sus cuerpos maltratados. Muchas veces declaró sobre el estado en el que encontró a mi madre Catalina, abuelo Alberto, tio Roberto y tia Mónica; en el Servicio Médico Legal. Estoy convencido que sin su presencia la suerte de mis seres queridos habría sido la desaparición forzada.

Desde este trágico suceso la cercanía del Pepe con mi abuela Ofelia fue permanente, siempre nos acompañó en los actos conmemorativos, siempre estuvo cuando lo necesitamos, aunque yo era muy pequeño, siempre se interesó por conocer mis opiniones y cada tanto me regalaba algún recuerdo tanto de mi papá como de mi mamá. En más de una oportunidad relató la vez en que ellos en una ceremonia religiosa en Malloco, me ofrendaron. Este acto tan importante para los sacerdotes, yo todavía no lo entiendo (curiosamente no soy creyente), pero veía en su mirada algo especial que vez que nos encontrábamos.

Muchas veces acompañé a la abuela Ofelia a las actividades de denuncia del Movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo, no estando en la acción misma, sino que acompañando. Yo los miraba y no podía entender el coraje con el que enfrentaban a la represión y el siendo uno más del grupo, poniendo no sólo su cuerpo sino que, su estatura moral.

Como olvidar su aporte decisivo en la recuperación de Villa Grimaldi, arrancándole de las manos a la constructora que pretendía construir un gran condominio en el lugar donde se erige el primer sitio de Memoria de Latinoamérica.

En septiembre del año 2011 fallece la tía María, hermana de mi papá y nos sorprendió con su llegada, aunque ya le quedaba poca visión, no dudó en ir y dirigir la misa de responso de esta otra maravillosa mujer.

La última vez que estuvo en casa visitando a la abuela Ofelia junto a la infaltable Juanita Ramírez, fue en noviembre de 2014, jamás imaginé que sería la última vez que tanto él como la abuela se encontrarían con salud.

Luego de una vida acompañándonos, solo me queda gratitud y admiración por su consecuencia, nunca vi que le importara si la persona que tenía la frente era creyente o no, fiel de la iglesia o militante revolucionario, siempre supo estar del lado de la Verdad y la Justicia, acogiendo al perseguido. Querido cura Pepe, gracias por tu compañía, sabiduría y consecuencia. De seguro hoy descansarás junto a todos y todas quienes defendiste, y si existiera el Dios al que has amado, de seguro estarás a su lado.

Beto Rodríguez Gallardo, familiar y sobreviviente del caso Montaje Rinconada de Maipú.